lunes, julio 17, 2006

Perdido en el océano

He estado perdido durante 4 días. Alquilé una pequeña lancha neumática para observar desde el agua los movimientos de las super-agentes secretas de la playa. Tan entregado estaba en la faena que volví a experimentar ese inusitado crecimiento orgánico del que ya os he hablado. Como sólo conozco una manera de devolverlo a su estado original me puse en ello y no sin esfuerzo logré mi propósito a costa de ser invadido por un placentero adormecimiento que atendí de buena gana.

Al despertarme había perdido de vista cualquier atisbo de costa. Me encontraba en medio del océano, a la deriva. No había nada a mi alrededor, no disponía de alimento ni bebida, y las horas más calurosas del día estaban aún por llegar.
A media tarde estaba ya desesperado, dispuesto a arrojarme al agua y dejar que la corriente me arrastrase presumiblemente hacia lo más profundo y oscuro de su fondo.
Qué efímera mi existencia después de haber dejado de ser sombra -me dije mientras me asomaba por un costado buscando las fuerzas para llevar a cabo mi plan-. A punto estaba de hacer un último esfuerzo para caer fuera de la lancha cuando escuché a mis espaldas como algo emergía del agua, chapoteando mientras se acercaba por estribor.














Me giré sorprendido y descubrí una extraña criatura que se había situado junto al lateral de la lancha.
Parecía sonreirme así que supuse que era amistosa. Me acerqué para tocarla y se asustó.

- Tranquila pequeña -le dije con dulzura-. Soy sólo un naufrago, un ser solitario, como tú. No quiero hacerte daño.

Volví a acercar mi mano sobre su cabeza sonriente y la acaricié.
Aquel ser pálido, de piel suave y resbaladiza, pareció comprender mi buena voluntad y se acercó un poco más a mi, permitiendome acariciar su cabeza con ambas manos. La tranquilizé masajeandola con suavidad y ternura y fue entonces cuando observé que en el centro de aquella enorme sonrisa poseía dos bocas, una pequeña situada en el centro y otra más grande colocada un poco más abajo. Ambas eran sonrosadas, sin dientes y rodeadas de una fina capa de pelo -la mayor, sobre todo-. Mi curiosidad y amor por los animales me animó a rozar sus bocas con la punta de mis dedos. Al rozar la pequeña se estremeció ligeramente, pareciendo que se contraía y se relajaba. Continué deslizando mis dedos hasta la boca grande y noté que se entreabría, permitiéndo que hundiese las yemas de mis dedos en ella.
A pesar de que no tenía dientes no acababa de confiar en ella así que a la vez que hundía mis dedos trataba de observar algún gesto o reacción extraña para retirar la mano lo más rápido posible.
Aquel juego parecía gustarle puesto que no dejaba de moverse y pegarse a mi. Estuvimos así durante muchos minutos hasta que, de repente, comenzó a temblar, se agitó y desapareció bajo las aguas.

Al poco tiempo apareció un barco y me rescató.
No he querido comentar nada porque sé que no me creerían... pero ahora, cuando miro a mar, sé que bajo sus aguas se esconde un ser cariñoso y alegre, jugueton y risueño... que me espera para que le acaricie con mis dedos.

1 Comments:

At 10:04 p. m., Blogger Rita Peich said...

No me extranya, Sombra ... seguro que tienes unos dedos estupendos y muy sabios ... Craken los tenía y si ahora te has reencarnado en él ... buff, buff ...

 

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